En 2008, el IPN será la primera fuerza científica tecnológica del país: Enrique Villa, director general

Jorge Medina Viedas
jmv452003@prodigy.net.mx

La pequeña réplica del muro del Palacio Legislativo de San Lázaro, donde quedó grabado para siempre el nombre del Instituto Politécnico Nacional, está en uno de los nichos de la pared de la oficina en Zacatenco del director general, Enrique Villa Rivera, junto a las imágenes de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas. El nombre del IPN quedó estampado entre los Héroes de la Batalla de Puebla y Ricardo Flores Magón.

Villa Rivera no oculta su orgullo. La réplica es un presente que le devuelve la emoción del momento del homenaje y reconocimiento de la máxima representación popular al IPN, aquel 20 de abril de 2006. Meses después de aquel evento, Villa Rivera fue ratificado en el cargo por tres años más. Lo confirmó en su cargo el presidente Felipe Calderón. Los resultados de sus primeros tres años como líder politécnico fueron verdaderamente notables.

A partir de 2004, el instituto se sometió a una profunda reforma orientada a la implantación de un nuevo modelo educativo y un modelo de integración social con el objetivo de que el IPN estuviera en mejores condiciones de formar a las nuevas generaciones de mexicanos, responder a los desafíos del entorno y anticiparse a las situaciones que están afectando el desarrollo del país.

Para ello, el IPN impulsó la constitución de un marco institucional para el desarrollo de la investigación y el posgrado, se puso en marcha el Programa Estratégico de Investigación y Posgrado, se rediseñó el Sistema Institucional de Investigación Científica y Tecnológica, se apoyó intensamente el fortalecimiento del personal académico de alto nivel, se diversificaron los apoyos a las escuelas, se acreditaron a niveles de calidad casi la totalidad de los programas educativos, y el IPN recuperó el prestigio y el reconocimiento de la sociedad mexicana como una de las grandes instituciones de México.

El instituto duplicó el número de académicos en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), de 321 que se tenían en 2003, a partir de enero de 2008 serán 638;  con la constitución de redes y grupos de investigación, pasó de 3.27 participantes por proyecto en 2003 a 5.93 en 2006, los cuales desarrollan mil 277 proyectos de investigación y, al mismo tiempo, los recursos para la investigación se han incrementado en 20 por ciento del presupuesto institucional.

A principios del año 2008, el IPN se convertirá en la primera fuerza científica tecnológica del país. Villa Rivera lo dice sin ufanarse, pero no oculta su satisfacción. Comenta que eso compromete más a los politécnicos. Pero expresa su confianza en la comunidad politécnica, en la calidad de sus investigadores y profesores, comprometidos con el país y con el propio instituto.

El director general del IPN describe algunas investigaciones de alto impacto y que actualmente desarrollan politécnicos: el análisis de integridad de ductos, la fabricación de tinta indeleble, el proceso catalítico para la deshidrogenación de propano, y muchos otros.
Las siguientes son las respuestas puntuales a la entrevista con Villa Rivera:

¿Cuál es el papel de la ciencia en el desarrollo económico y social de una nación?
Las tres décadas de desarrollo sostenido del país, de 1940 a 1970 estuvieron marcadas por un crecimiento económico alto y bajos índices de inflación, por lo que el tema no fue el núcleo del debate.

Los incipientes centros de investigación y las actividades de las instituciones de educación superior tuvieron como objetivo apoyar el proceso de industrialización del país. Cuando éste cesó en sus principales características, a partir de 1970, el tema reaparece como un asunto central para las instituciones académicas y como complementario para las empresas productivas, públicas y privadas.

La fundación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en 1970, tenía ya como propósito que la interacción entre las casas de estudio y las empresas productivas se tradujera en mayor crecimiento económico para el país.

La actualidad nos ubica en nuevo contexto. Desde el ingreso de México al Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT, ahora con la denominación de Organización Mundial de Comercio) en 1986, la apertura unilateral de la economía en 1989, y los acuerdos de liberación comercial, básicamente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la economía nacional dio un viraje y, con ello, su aparato productivo.

Sin embargo, bajo enfoques de “darwinismo económico”, los gobiernos impulsores de la apertura no quisieron ni definieron mecanismos de defensa de las micro, pequeñas y medianas empresas; “la mejor política industrial era la ausencia de ella”, como proclamó un secretario del ramo.

Resultado de ello es que el crecimiento anual promedio no alcanza aún los niveles de años anteriores y se observa una insuficiente creación de empleos, subsistiendo la pregunta:

¿Cuál debe ser la contribución de las instituciones de educación superior, científicas y tecnológicas al entorno productivo y al crecimiento económico nacional?
En un reciente artículo de la CEPAL referido a América Latina se sostiene que la región no crece a tasas más elevadas debido al modelo de industrialización basado en la sustitución de importaciones, pero también por la falta de conocimientos y de la capacidad innovadora de los países.

Para el caso específico de México, la interrelación entre los distintos sectores sólo tiene sentido si se inserta dentro de un planteamiento de innovación que, se ha dicho, es el pivote de desarrollo de las economías, por lo cual algunos países han creado sistemas nacionales de innovación, organizando redes de instituciones en los sectores público y privado cuyas actividades y acciones inician, importan, modifican y difunden nuevas tecnologías.

La única posibilidad de diferenciar a un país de los demás, en producción o servicios específicos, es por la calidad, la productividad, la eficiencia y el valor agregado que pueda darse a ellos.

En una época caracterizada por la movilidad de los factores, México competirá cada vez más con una enorme diversidad de naciones por la inversión nacional y extranjera. La condición indispensable para el despunte será desarrollar ventajas competitivas, lo cual evidencia la urgencia de definir un sistema nacional de innovación.

¿Cuál es el impacto de la ciencia y la tecnología en el bienestar social e individual?
Uno principal se relaciona con los programas de posgrado, pues sólo con la formación de más y mejores doctores se estará avanzando firmemente en materia de ciencia y tecnología. Dado que dichos programas reciben financiamiento público, la definición de prioridades y objetivos es una tarea urgente e ineludible.

En años recientes se ha avanzado en el mejoramiento de la vinculación con empresas privadas, públicas y sectores gubernamental y social. No obstante, es patente que su potencial es enorme y no suficientemente aprovechado, por lo cual debería insistirse en programas específicos que relacionen a varias entidades públicas gubernamentales (secretarías y gobiernos de los estados), empresas privadas y organismos sociales con instituciones educativas del nivel superior.

Al igual que en materia de vinculación, las distintas actividades y modalidades que forman parte de la llamada educación para toda la vida no se han desarrollado de manera proporcional a las capacidades instaladas y potencialidades de cada institución.

Pero no solamente las instituciones deben adecuarse o adaptarse. Si se quiere que la interrelación alcance a los otros actores, cambios semejantes deben producirse en ellos. Un primer caso sería el referente a estados, municipios y ciudades que impulsan la investigación y el desarrollo tecnológico.

En el marco de los respectivos planes de gobierno y con un espíritu de convergencia, las políticas en materia de infraestructura estarían asociadas a las de desarrollo científico y tecnológico.

En un segundo caso, las empresas tendrían un papel vital en un nuevo esquema de articulación. Por principio de cuentas, el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología debe incluir a las empresas para vincularlas a las políticas, planes y áreas estratégicas de interés nacional. Para las empresas medianas enfocadas directamente al mercado interno, la investigación y el desarrollo tecnológico constituyen un elemento esencial de cualquier estrategia de crecimiento, competitividad y negocios.

El desarrollo de las empresas exige competitividad e innovación. La búsqueda de ambas características está relacionada con acciones provenientes de las políticas gubernamentales de fomento y promoción, pero también con su propia voluntad y decisión. En un camino de doble vía, apoyar a las empresas es una tarea estratégica para universidades y centros de investigación.

¿Cuál es la responsabilidad del IPN en el desarrollo y aplicación de la ciencia y la tecnología?
El Politécnico es una institución educativa del Estado mexicano. Desde 1936 tiene como propósitos principales: formar profesionales e investigadores, realizar investigación científica y tecnológica con aplicaciones al desarrollo nacional, así como crear, conservar y difundir cultura.

Desde sus inicios, el Politécnico albergó estudios comerciales, administrativos y económicos, pero su orientación fundamental ha sido dar cobertura a las ingenierías y a las ciencias físico-matemáticas, así como las ciencias médicas y biológicas.

El instituto inició con 17 escuelas prevocacionales y seis de estudios profesionales, siendo su matrícula original aproximadamente de 10 mil estudiantes, correspondiendo 2 mil 300 al nivel de licenciatura. Para 1950 la matrícula total se había elevado a 13 mil y para 1960 alcanzaba 24 mil.

En esta última fecha, la licenciatura contaba con 9 mil estudiantes, constituyendo 98 por ciento del total de lo que era el naciente Sistema de Educación Tecnológica del país. Actualmente, la matrícula total en sus tres niveles, incluyendo actividades de educación continua y PoliVirtual, se eleva a casi 230 mil, a los que se suman cerca de 50 mil estudiantes que concurren a los centros de idiomas.

Se trata de una institución que transitó hacia una organización de masas. Sus servicios son atendidos por un poco más de 15 mil docentes e investigadores y 10 mil personas en tareas de apoyo y asistencia a la educación.

Estos servicios se desarrollan en 15 entidades federativas, con 16 unidades académicas de nivel medio superior; 24 de nivel superior, 21 centros de investigación, orientación tecnológica y vinculación. Además, se cuenta con 11 centros de educación continua, dos importantes centros de lenguas extranjeras, que se complementan con otros 19 en las unidades académicas, y cinco distintos organismos, entre los que sobresalen el Canal Once de televisión y el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) del IPN.

Con gran visión, uno de sus fundadores, Luis Enrique Erro, definió así, la misión fundamental del instituto: atender, a través de sus funciones, las necesidades presentes y futuras del aparato productivo.

En setenta años de vida institucional, e independientemente de los cambios por los cuales ha transitado el país y la propia institución, ese cometido ha permanecido inalterable. Así, por ejemplo, en lo referente a la oferta educativa, el Politécnico Nacional destaca como una institución líder en la materia, dado que 91 por ciento de su matrícula escolarizada cursa un programa reconocido externamente por su calidad académica.

¿Cuál es el desempeño del IPN en el desarrollo y aplicación de ciencia y tecnología?
Históricamente, en México no puede concebirse el proceso de industrialización sin considerar el papel decisivo que tuvo la ingeniería mexicana y, el Instituto Politécnico Nacional como la institución que ha formado al mayor número de ingenieros. Las grandes obras de infraestructura llevadas a cabo por las Comisiones Nacionales de Caminos e Irrigación, así como la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Petróleos Mexicanos (Pemex) dan testimonio de ello.

Prácticamente no hay rama industrial cuyo progreso no se explique por la presencia de estos profesionales mexicanos que, hasta mediados de los años cincuenta, provenían casi en su totalidad de dos instituciones: el Politécnico y la Universidad Nacional.

Actualmente, se estima que en el país hay 600 mil ingenieros en sus diferentes especialidades. Una comparación con otros países indica que  mientras México tiene seis ingenieros por cada mil habitantes, Estados Unidos y Japón cuentan con 80 y 52, respectivamente. Si el contraste se hace sobre científicos e ingenieros por millón de habitantes, la proporción para México es de 213, correspondiendo a Estados Unidos 4 mil 13 y a Canadá 3 mil 91; la relación en el caso de China asciende a 459.

A todo lo anterior hay que añadir los elementos presentes en las nuevas realidades, tanto sociales como del conocimiento. La complejidad de los fenómenos y problemas del campo de las ingenierías está transformando su concepción tradicional. Las tecnologías de la información y la comunicación, presentes en prácticamente todos los procesos productivos, en la administración pública y en la sociedad, han cambiado las formas de trabajo y el funcionamiento mismo de la educación.

¿Podría definirme la política institucional del IPN en materia de ciencia y tecnología?
El Instituto Politécnico Nacional tiene trazada su misión desde hace setenta años y la investigación ha formado parte de ella desde su origen. Nuevas unidades, escuelas y centros han servido para ese propósito, al igual que se han establecido organismos y programas de apoyo a la investigación, y se han implantado carreras que permitan acompañar el desarrollo del país.

En el caso de los primeros pueden contarse, como ejemplo, la creación del Canal Once (1959), la Escuela Superior de Física y Matemáticas (1961), el Centro Nacional de Cálculo (1963), la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (1972), la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Biotecnología (1987), la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (1996), el Centro de Investigación y Desarrollo de Tecnología Digital (1983), el Centro de Investigación en Computación (1996), el Centro de Biotecnología Genómica (1999), el Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada (2004), o la Unidad Politécnica para el Desarrollo y la Competitividad Empresarial (2004).

A partir de 1979 se estabilizó una asignación presupuestal anual a la investigación de aproximadamente 12 por ciento del presupuesto institucional. Para 1984, con la creación del Sistema Nacional de Investigadores, el IPN registró un total de 36 politécnicos miembros del SNI.

En 1984, el Politécnico creó el Programa Institucional de Formación de Investigadores con el propósito de propiciar una relación más directa entre docentes y alumnos para facilitar la transmisión del conocimiento, y apoyar con recursos humanos la investigación.

En el caso de carreras y programas de estudio: ingeniería química e industrias extractivas (1948), ingeniería bioquímica (1958), los doctorados en ingeniería de tránsito, obras marítimas y geofísica (1955), la maestría en ingeniería nuclear (1963), el doctorado en ciencias biológicas (1963), ingeniería geofísica (1970), ingenierías en alimentos, biomédica y biotecnología (1987).

Como podrá observarse, con estos programas, centros y escuelas el Politécnico Nacional ha apoyado procesos vitales para el desarrollo del país, anticipándose también a requerimientos y necesidades.

Desde hace tres años, y a partir de la gestión que me ha correspondido dirigir, el instituto ha trazado las líneas para una vasta reforma orientada por un nuevo modelo académico, un modelo de integración social y una reforma organizacional y administrativa para responder mejor a los desafíos en la formación de las nuevas generaciones de mexicanos.

El Politécnico y quienes tenemos la responsabilidad de su conducción, somos plenamente conscientes del reto que confrontan las instituciones de educación superior respecto de los cambios del entorno (nuevos conocimientos, desarrollos tecnológicos, efectos de la apertura económica, problemas sociales) y anticiparse a las situaciones que previsiblemente impactarán al aparato productivo del país.

A partir del diseño del Modelo Educativo y del Modelo de Integración Social del Instituto (publicados en enero de 2004) fue necesario construir un marco armónico e integral para el desarrollo de la investigación y el posgrado, mismo que se plasmó en el Programa Estratégico de Investigación y Posgrado, que con sus políticas, estrategias y metas ha sido la plataforma para fortalecer estas actividades y transformarlas de acuerdo con las necesidades actuales del país y de la institución.

Ello implicó el rediseño del Sistema Institucional de Investigación Científica y Tecnológica, la reorientación del esfuerzo institucional, la ampliación y fortalecimiento del personal académico de alto nivel y el reforzamiento de las capacidades institucionales en estas materias.

Han transcurrido casi cuatro años desde ese inicio y los resultados están a la vista. Señalaré unos cuantos ejemplos. El número de politécnicos en el SNI pasó de 321 en 2003 a 638 con la última evaluación que estarán vigentes a partir de enero de 2008; se ha privilegiado la constitución de redes y grupos de investigación, pasando de 3.27 participantes por proyecto en 2003 a 5.93 en 2006, que desarrollan mil 277 proyectos de investigación; los recursos para la investigación se han incrementado hasta 20 por ciento del presupuesto institucional.

Como centro de estudios, el Politécnico debe perfeccionar diariamente el ejercicio de sus funciones básicas: actualizar la formación de profesionales en concordancia con los requerimientos de una sociedad que ha cambiado notablemente; desarrollar investigaciones encaminadas a generar nuevos conocimientos socialmente útiles y a reducir la brecha tecnológica. Esto significa, simultáneamente, apoyar a las empresas productivas, especialmente a las pequeñas y medianas.

Además, a partir de sus fortalezas, conocimientos y desarrollos tecnológicos, contribuir a las tareas de gobierno dirigidas a la satisfacción de necesidades básicas de la población. Éste es nuestro reto y el compromiso que se refrenda diariamente ante la nación.

Para finalizar quisiera señalar, por la importancia que esto tiene para el sistema educativo, científico y tecnológico, y como parte de él, para el Instituto Politécnico Nacional, que el país requiere actuar con rapidez. Los desafíos son enormes, solamente uno a manera de ejemplo: el petróleo que, como bien sabemos, en pocos años verá reducida su producción dejando de ser la principal fuente de ingresos del gobierno federal.

Este reto nos plantea actuar de forma concertada en la definición de prioridades de investigación y desarrollo tecnológico para encontrar alternativas viables y competitivas en materia de energía que, con los marcos normativos adecuados y las inversiones conducentes, den satisfacción a los requerimientos nacionales. Es necesario que México tome las decisiones y establezca los cursos de acción que le conduzcan a mejores niveles de desarrollo.

Nota
1. PNUD, Informe sobre desarrollo humano, Nueva York, 2002.

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