México no pudo con el iPhone

La expectación en México fue diferente. No hubo grandes y concurridas conferencias de prensa anunciando el lanzamiento del teléfono celular más vendido en la historia, como en otras partes del planeta. Apenas unos pocos se habían informado lo suficiente para saber que el 11 de julio saldría a la venta en todo el mundo la nueva joya de Apple: el iPhone 3G.

Llegué a la cita apenas treinta minutos antes de la hora de apertura de la tienda Telcel más cercana. A pesar de ser un concurrido centro comercial, apenas había alrededor de 25 personas formadas. Uno de los clientes hizo una lista informal en la que todos apuntaron el orden de llegada para evitar malentendidos. Antes siquiera de abrirse las puertas, ya había rumores entre la gente. Apenas había 20 aparatos por tienda; sólo entregarían iPhones a quienes se habían registrado en una lista de espera; no había aparatos de 16 GBs (gigabytes), sólo de 8GB. Poco a poco, la expectativa crecía. Al cumplirse la hora, los clientes fueron entrando lentamente.

Aunque había alrededor de 20 ventanillas, sólo la mitad estaban funcionando, como si no conocieran la demanda por el producto. O no les importara. Minuto a minuto, la confusión crecía. La información proporcionada por teléfono no era la misma que en el centro de atención. Los planes no eran claros. La disponibilidad de equipos era prácticamente nula. La gente estaba molesta, justificadamente. Las primeras diez personas que entraron, por alguna razón, esperaron más de una hora a ser atendidas y se fueron sin sus aparatos. Seguramente por los altos costos o la multa por cambiar de aparato antes de terminar el plazo forzoso anterior.

Además, las personas no sabían que para activar el iPhone es necesario tener acceso a una conexión a internet y la última versión de iTunes, que a su vez tiene requerimientos que apenas un puñado de computadoras poseen. Y quienes con suerte llegasen a casa con él, se enterarían que la red de iPhone en iTunes se sobresaturó y se cayó a apenas unas horas del lanzamiento.

Para las 11 del día ya no había aparatos de 16GBs, pues la mayoría estaban comprometidos a una lista de espera. Además, cuando los empleados intentaban ayudar a los usuarios a activar el iPhone, nadie sabía qué hacer, todos se cuestionaban unos a otros. Un caos total. Pero según todos, valía la pena esperar.

Casi dos horas después de formarme, tuve el aparato en mis manos. La espera de más de un año había terminado. La expectativa y la falsa necesidad de poseer un iPhone se desvanecían por fin. Ahora era tiempo de utilizarlo, de llevarlo al mundo ordinario.

Pero, ¿qué tiene el iPhone?

El iPhone es más de lo esperado. Es más que un Blackberry, más que un iPod. Su velocidad de respuesta es más rápida de lo esperada. La facilidad de acceder a internet en cualquier lugar que tenga una red inalámbrica disponible es más que suficiente para adquirirlo. Su capacidad táctil hace todo más fácil. Convierte a la tecnología en lo que debe ser: una herramienta no un obstáculo.

El iPhone es un teléfono con capacidad 3G fabricado por la marca Apple del multifacético Steve Jobs. Su pantalla táctil y facilitación de funciones como mail, iPod, internet, mapas en tiempo real, así como la facilidad de bajar aplicaciones gratis desde la página de iTunes, ha puesto al iPhone en la élite de la telefonía celular. Viene en presentaciones de 8GBs y 16GBs, más que cualquier otro teléfono de su tipo.

Sí, es verdad que no es perfecto, no toma video y su batería no dura lo que otras. Y también es cierto que el hecho de poseerlo no ayuda cuando una persona evidentemente pasada de copas insiste en familiarizarse con él. Pero algo sucede cuando lo tienes: sientes que no necesitas nada más (Salvador Medina Armienta).

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