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El rector y sus nuevas tareas
Carlos Pallán Figueroa*
capafi2@hotmail.com
Juan Ramón de la Fuente ha estrenado una faceta de su vida profesional: entrevistador de televisión y, al mismo tiempo, redactor de un libro sobre asuntos que se refieren a la educación, la democracia y la sociedad.
La primera, de entrevistador, quedó registrada en TV UNAM, en diciembre de 2006, cuando conversó con seis prominentes figuras que por esos días estuvieron presentes en la séptima edición del Foro Iberoamericano, verificado en la Ciudad de México. La segunda, un año más tarde, fue plasmada en el libro Voces de Iberoamérica (Taurus, 2007), mismo que refleja la versión escrita de dichos diálogos, así como los lúcidos comentarios de presentación y conclusión que el doctor De la Fuente hizo de cada uno de los entrevistados.
El libro recoge las conversaciones sostenidas con Carlos Fuentes, Julio María Sanguinetti, Felipe González, Ricardo Lagos, Fernando Henrique Cardoso y Enrique Iglesias. Además, un prólogo de Héctor Aguilar Camín, donde, a partir de alguna de las principales ideas de los dialogantes, su autor aborda los principales temas ahí tratados, tamizándolos con su propia visión de las cosas.
De los varios asuntos abordados en el libro, destaco dos relacionados con la educación y las universidades. El primero relativo a su naturaleza e importancia. Para Fuentes, la educación es la base del desarrollo: el progreso, la comunicación, la democracia. Enfático, agrega: “Si no hay educación, todo el resto del edificio se nos derrumba.” La educación es un derecho, pero también una obligación: “Es un privilegio llegar a la universidad y eso crea de inmediato una obligación hacia la comunidad que nos apoyó, que nos dio esa educación”.
Para Lagos, la universidad es el lugar donde la sociedad se piensa y diseña sus cambios. De ahí que califique como “labor inclaudicable de la universidad” la tarea de pensar a la sociedad y, a partir de ahí, considerar que es posible mejorar un poco o cambiar. En sus propias palabras: “Es la universidad la que piensa el futuro, la que genera el cambio, después habrá un hombre práctico que seguirá esas indicaciones”.
Un segundo tema es el de la crítica a la universidad desde el punto de vista de esas personalidades —incuestionablemente democráticas—, no obstante reconocer plenamente su sentido social e histórico. A partir de una frase de Mandela (“la globalización es como el invierno: llegará. El problema nuestro es juntar la leña y guardar alimento para ese día, porque es inevitable”), Sanguinetti afirma que la universidad no puede estar sólo en el enojo o la contestación. Si la nueva riqueza de las naciones es el conocimiento, la universidad en Latinoamérica debe ser, dentro de sus respectivas sociedades, “la vanguardia que nos introduzca al nuevo mundo” de la revolución científica y tecnológica.
En consonancia con Sanguinetti, Cardoso critica que la universidad “tenga miedo” a los políticos, mire con desconfianza al mercado y a los empresarios, y que practique una especie de autodefensa donde se encierra y convierte en un búnker.
Frente a las actitudes sociales de “fracasomanía” (nos gusta el fracaso) o de “utopías regresivas” (idealización del pasado, como si fuera muy bueno lo que pasó antes), la universidades deben reaccionar: “Tener la capacidad para crear imágenes sobre qué es nuestro país, a dónde vamos, cómo está el mundo, cómo está el pueblo”. En suma, se requiere una universidad más abierta e interactuante con su medio social.
Este libro prefiguraba ya las nuevas tareas que el antiguo rector de la UNAM ha asumido en 2008 dentro de otros países y el nuestro en los campos de la cultura y la educación superior. Pero también el de la política en su mejor sentido (según Felipe González: “El arte de gobernar el espacio público que compartimos”). Y si no, he aquí una muestra: “Necesitamos reformar el Estado para modernizarlo y adaptarlo mejor a las crecientes demandas de la globalización en la que estamos inmersos. Un Estado moderno es esbelto, con poca grasa y mucho músculo… (que) asume cabalmente su papel de distribuidor de riqueza y la usa para proveer servicios básicos en los sectores que no tienen capacidad económica para acceder a ellos… pero también para dotar a la sociedad de los mecanismos que le permitan sentirse segura y que todo ello permita gradualmente mostrar, con mayor contundencia, que el Estado democrático constituye la mejor alternativa de que disponemos”.
* Ex secretario general ejecutivo de la ANUIES
y consultor independiente.
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