Benditos los enfermos por no usar condones

Anacronismo religioso
Cuando los gobiernos dan un paso hacia el frente para combatir la desinformación sobre la sexualidad, llega el papa Benedicto XVI a un país africano, el continente más afectado por la epidemia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), e insiste en promover su retrógrada política contra el uso de condones

Salvador Medina Armienta
salvador@elhablador.com.mx

La educación sexual en el mundo, sorprendentemente, sigue siendo un tema de debate. Países tan desarrollados como Estados Unidos no sólo la prohíben en las escuelas públicas, sino que todavía promueven la enseñanza del creacionismo y el diseño inteligente sobre la teoría de la evolución.

Pero cuando los gobiernos dan un paso hacia el frente para combatir la desinformación sobre la sexualidad, llega el papa Benedicto XVI y en un país africano, el continente más afectado por la epidemia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), insiste en promover su retrógrada política contra el uso de condones.

Camerún fue testigo de dicho atentado contra la humanidad. En su primera visita al continente negro, el Papa reafirmó la postura de la Iglesia católica al asegurar que el VIH “no puede superarse con la distribución de condones. Al contrario, aumentan el problema”. A menos que Benedicto XVI haya encontrado un nuevo preservativo milagroso, su declaración es tan injustificada como peligrosa.

Para él la educación sexual y crear gente capacitada y con herramientas, mina la batalla contra una enfermedad tan devastadora que sólo en África, donde dio su declaración, ha habido más de 25 millones de muertes relacionadas con el sida.

El gran problema que enfrentan los católicos es el hecho de que su Iglesia asegura estar sobre los poderes de los Estados a los que pertenecen. Para ellos, su máximo gobernante es el Papa. Para protestantes, por ejemplo, el máximo dirigente de su país está sobre las decisiones que tomen los mandatarios de su Iglesia. Hay una gran división entre Iglesia y Estado, división que el Papa nunca suele respetar.

El machismo en México, contra la prevención
Seamos objetivos: México sigue siendo un país machista. Padres y madres enseñan a sus hijos a vivir en una sociedad donde la mujer es un objeto, un ser inferior al hombre con menos derechos que él. Aunque en países como España la violencia contra la mujer es un asunto de todos los días y acaba con cientos de vidas al año, en nuestro país no deja de ser algo igual de común y ordinario.

La educación sexual debe venir desde las escuelas como una campaña de prevención para jóvenes desde los 12 años. El Papa asegura que la educación no sirve en el combate contra el VIH, pero es de sentido común asegurar lo contrario. Y si tomamos en cuenta que el estado en México con mayor porcentaje de infectados de VIH, después del Distrito Federal lógicamente (con 18.3 por ciento de los casos detectados), es Veracruz, uno de los más pobres del país, comprendemos la importancia de la educación en un sistema que la tiene olvidada.

Además, la homofobia, una consecuencia evidente del machismo, es otro factor determinante para la propagación del virus. El rechazo y estigma contra los homosexuales es tan preocupante que el Consejo Nacional para la Prevención y Control del VIH-Sida (Conasida), en colaboración con el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre VIH-Sida (ONUSIDA) y otras instituciones, ha lanzado en años anteriores campañas para erradicarla en nuestro país.

Además, se ha contabilizado que en el Distrito Federal se da el mayor número de muertes homofóbicas, un dato ciertamente preocupante. Además, cuando tenemos el precedente de que en 2005 un grupo de sacerdotes católicos presentaron ante la Asamblea General de Obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), un proyecto que busca establecer en México una “terapia reparativa” para curar la homosexualidad, entendemos los tabúes tontos y prejuiciosos que existen sobre una simple orientación sexual.

La educación, la cura de todos los males
El mundo cambió con la Ilustración. Cuando la gente se percató de que lavarse las manos salvaba miles de vidas al año, la educación se colocó como la más alta prioridad del hombre. Sin embargo, siglos después, seguimos sin percatarnos (o se nos ha olvidado) que le educación es la mejor herramienta para salvar vidas.

Cuando se trata de algo tan serio como el VIH, no podemos cerrar los ojos ni los oídos. Las palabras de Benedicto XVI son un ejemplo de que la vieja escuela sigue vigente, pero es algo que debe perecer. Pronto.

En México, el Conasida reconoce en 2008, desde 1983, 124 mil 505 casos de infectados con el VIH. Pero no existe una conciencia real sobre las consecuencias de la enfermedad sobre la vida del ciudadano ordinario. La mayoría de los jóvenes sexualmente activos no se han realizado un examen de sida. Es un hecho. Muchos por ignorancia, otros por miedos y la mayoría por el clásico “no me va a pasar a mí”.

Por ello, las universidades y otras instituciones de educación superior deberían promover exámenes confidenciales gratuitos para detectar la enfermedad. Prevenir el sida y tratarlo en casos de infección es algo vital para mantener a las generaciones más jóvenes. De lo contrario, podríamos estar frente a una epidemia que destruya los cimientos de nuestro país: los jóvenes.

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