La pobre clase media

La pobre clase media

Algunos intelectuales y el presidente Felipe Calderón quieren ganar una batalla mediática: imponer la percepción de que la clase media se ha fortalecido durante los gobiernos del PAN, buscando minimizar con ello lo que es una realidad más palpable que la elasticidad de sus cifras y sus afanes: la acentuación de la desigualdad.

Con más de 50 millones de pobres, con más pobres que antes, con ricos más ricos, no se puede convencer a los mexicanos de su aseveración, aunque ésta pueda ser pasada por matices distintos.

Al presidente los datos del Censo 2010 le modulan los logros de los gobiernos de su partido: en las casas de las familias mexicanas hay más televisiones, computadoras, automóviles y refrigeradores. Le faltó mencionar lo que aseguró su secretario de Hacienda, Ernesto Cordero: que tienen un crédito bancario y a sus hijos estudiando en escuelas particulares. Con 6 mil pesos. O que los ricos de México se pueden considerar a todos los que ganan de 15 mil pesos para arriba, también una afirmación del titular de la hacienda mexicana. Más burla no puede haber.


Pero se entiende: todo esto parece obedecer a una estrategia: el “tercer tercio” de la corrida taurina presidencial —como motejó sus años restantes en Los Pinos en entrevista para El País del domingo anterior— es para ganar la elección de 2012 y la ofensiva mediática no tiene más objetivo que ése. Lo que el gobierno quiere que se entienda es que con su interpretación del Censo de 2010, pues, estamos mejor que con los gobiernos priístas. Entendido a medias.

EN EDUCACIÓN: INTERVALOS SALVAJES

Pero el presidente fue remiso en sus consideraciones en materia educativa. Más le valía. Quienes difundieron las tablas comparativas tuvieron que hacer intervalos largos para dar resultados al alza que reforzarán la grandilocuencia presidencial. No había otra forma, si partimos de que durante todos estos años de gobiernos panistas ha sido el Poder Legislativo el que ha sacado castañas al fuego por los magros presupuestos presentados año con año por Fox y Calderón.

Unos datos así expuestos: el Censo destaca que 94.7 por ciento de la población de seis a 14 años asiste a la escuela, cifra que se compara con 85.8 por ciento que asistía a la escuela en 1990. Esa comparación está publicada. Pero no se da a conocer que en 2000 era 92.8 por ciento, o sea, que entre 2000 y 2010 en realidad creció apenas 1.9 por ciento, que visto en la perspectiva de nueva demografía, ese 5. 3 por ciento que se queda sin ir a la escuela es numéricamente mucho mayor que el que existía hace diez años.

Otro: la población de 15 a 24 años que asiste a la escuela se incrementó en 10 puntos porcentuales en los pasados 20 años. En 1990, 30.2 por ciento asistía a la escuela; en 2010, 40.4 por ciento de personas en estas edades asisten a algún centro educativo. En 2000 era de 32.8.

El mismo intervalo de 20 años se establece para explicar las tasas de analfabetismo: de la población de 15 años y más, disminuyó cerca de 5.5 puntos porcentuales entre 1990 y 2010. En 1990, 12.4 por ciento de las personas de 15 años y más no sabían leer ni escribir y en 2010 se redujo a 6.9 por ciento. Pues sí, pero en 2000 el porcentaje no era tan distante del actual: 9.5.

En el país, el promedio de escolaridad de la población de 15 años y más pasó de 6.5 años en 1990 a 8.6 años en 2010, es decir, que actualmente se tiene en promedio cerca de tercero de secundaria. En 2000 era de 7.5, lo cual demuestra que la diferencia en este otro caso es mínima.

ES EL EMPLEO, ESTÚPIDO

Como sea, los presidentes Vicente Fox y el mismo Felipe Calderón no recibieron el país en crisis. Al contrario: las instituciones estaban sólidas, y la democracia incipiente no sólo hizo una excelente alternancia, sino que tuvo arrestos para soportar los desarreglos de Fox para que Calderón tomara protesta.

No somos hoy un Estado fallido y los 36 millones de niños van a la escuela todos los días, también es cierto; pero con todo y que hay más televisoras (para que se vean las pedagógicas telenovelas del secretario Alfonso Lujambio) y más computadoras, el desempleo crece y el empleo que existe es mal pagado o eventual.

Antes de la corrida, el presidente, se autodenominó el presidente del empleo y ahora su mayor orgullo es el Seguro Popular, o sea, un programa compensatorio como el de Oportunidades, que es un programa que da becas y no son pocas, es verdad. Pero el gobierno ni ha sido capaz de generar plazas para el sistema educativo ni ha logrado que la empresa privada las produzca en la cantidad y calidad que se prometió.

Las universidades y todas las instituciones públicas de educación superior padecen un congelamiento histórico de puestos de trabajo, tanto académico como administrativo, y sus profesorados envejecen ineluctablemente, sin que las instituciones puedan proyectar alternativas razonables.

POBRE CLASE MEDIA

De poco sirve presumir que tenemos un aumento de la clase media si la calidad de vida de estos grupos es ínfima. En realidad se trata de una pobre clase media, por decirlo de alguna manera, personas y familias que rechazan serlo, que está comprobado que cuando se les pregunta para alguna encuesta a qué clase social pertenecen, niegan ser pobres.

Más aún, la calidad de vida de esta pobre clase media no sólo tiene el componente material del entorno, de los pésimos servicios urbanos, educativos, de seguridad, de salud, etcétera, que recibe, sino de orden citadino; su acceso a los bienes culturales del mundo moderno es relativo: tienen televisión para ver programas basura y para consumir cuanto producto vulgar emite una industria cuyo único objetivo es que el engranaje del mercado funcione en favor del crecimiento económico polarizado, crecimiento que este gobierno pretende relativizar ensanchando el volumen de una clase media que llena los carritos de los supermercados con papel Pétalo.

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Opinión