Pionero de la evaluación. A la salida de García Valdez, es justo recordar que durante su gestión la UASLP fue una de las pioneras en el tema de la calidad y la acreditación de los programas, tan es así que fue de las primeras en tener el 100 por ciento de su oferta educativa certificada por su excelencia. Y para no mezclar dos asuntos que bajo ninguna excusa deben ir de la mano, deja que la UASLP siga su camino ahora bajo la conducción interina de Villar Rubio, uno de sus más cercanos colaboradores.
No especulen ni mucho menos. Y para que no queden dudas, y si es que la coyuntura política le es desfavorable en los días por venir, García Valdez atajó a la prensa cuando se le cuestionó si pensaba volver a la UASLP a concluir su gestión. De no ser el candidato, tomará unas vacaciones y, a la vez, dedicará más tiempo a su familia. Como debe ser.
El colmo de la academia. Caso contrario y muy vergonzoso para las universidades públicas del país, es lo que ocurre en la Universidad de Colima. Una situación que no debiera ocurrir en ninguna institución y que sienta un precedente demasiado incómodo para éstas. A diferencia de lo hecho por García Valdez en la UASLP, a Miguel Ángel Aguayo López, quizás para no aburrirse durante la tregua electoral, decidió regresar, un ratito, a la rectoría de la UCol. El problema para la universidad y para la comunidad académica, es que lo hizo ya como candidato a diputado del PRI y así va a despachar hasta finales de marzo.
Sin justificación alguna. Sin asomo de templanza ni sonrojo, Aguayo López es de nuevo rector en funciones, una vez que durante los próximos días se prohíben los actos anticipados actos de campaña para todo candidato. El señor diputado por el I distrito de Colima volvió a la rectoría luego de dos semanas. Mientras amarraba la candidatura. Ahora con la certeza en la bolsa, pasará sus primeros días de candidato decidiendo la vida académica de la UCol. Y aunque se ampare o justifique en la Ley Orgánica de la propia universidad, la salud de la autonomía y la separación necesaria entre universidades y política dejó de ser importante.
¿Ahora sí? Una vez que Aguayo López inicie su campaña (fuera del campus universitario), entonces sí se va a separar del cargo de manera definitiva y convocará, a la brevedad, al Consejo Universitario, tal como lo marca el artículo 31 de la Ley Orgánica de la Universidad, para designar al rector que habrá de concluir el periodo ordinario. Mientras tanto, el resto de las universidades hacen mutis, como si estas situaciones no ocurrieran en estos días y en este tiempo en que se requiere tener la cabeza fría y alejada de toda tentación partidista. El problema es que se quejan de ataques a la autonomía cuando, como ocurre en la UCol, son los mismos rectores los que se ponen el pie y dejan la puerta, muy abierta y con toda intención, para que aparezcan las intromisiones partidistas y políticas. ¿Con qué cara la UCol hablará de imparcialidad cuando invite a los candidatos a diputados a presentar sus ideas a la comunidad universitaria?
¿Y la comunidad dónde anda? Lo curioso es que la comunidad universitaria no ha hablado mucho del asunto tampoco, aun cuando son los principales afectados y los más expuestos a los vaivenes de Aguayo López. Habrá que estar pendientes de lo que ocurre por allá porque la historia apenas comienza.
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