El disidente Solorio en la UABC

El disidente Solorio en la UABC

En los Pasillos

El Observatorio Académico Universitario, OAU, integrado por miembros de la comunidad de la Universidad Autónoma de Baja California, UABC, así como por profesores y estudiantes de la institución, han arreciado una campaña local y nacionalpara que el académico de la Facultad de Derecho, Daniel Solorio Ramírez, sea reinstalado como profesor de tiempo completo de esta casa de estudios. altComo lo comentamos, Solorio Ramírez, con 37 años de antigüedad en la UABC, fue despedido injustamente por las autoridades encabezadas por el rector Felipe Cuamea, vinculado estrechamente al ex rector Alejandro Mungaray, cabeza del grupo que verdaderamente controla la institución.

Desaparecida hace más de tres décadas la participación política estudiantil y magisterial, sometidos los trabajadores administrativos, la UABC es el modelo paradigmático de las universidades que con la excusa de buscar una proyección académica de calidad, canceló toda expresión crítica en sus territorios académicos.

La mudez crítica de la UABC es reconocida para satisfacción y aplauso de los gobiernos panistas que están ahí desde 1989, o sea, hace 23 años. Pero también de los priístas, en cuyos gobiernos se gestó el huevo de la serpiente en el estado, con el santo y seña de sus políticas educativas federales.

Es asunto de la UABC no es cuestión de partidos. En estados priístas también han se ha hecho implantes autoritarios en las instituciones de educación superior.

Pero sobre ello hablaremos después. Ahora volvamos al profesor Solorio y sus victimarios. Este cimarrón, entre cincuentón y sesentón, defensor de la autonomía y crítico de los mecanismos de control dominantes en los órganos de gobierno de la UABC, fue expulsado con pruebas que se deshacen al primer intento de demostración que las autoridades quieran hacer.

O sea, a Solorio lo corrieron por disidente, porque les molesta que les diga lo que él cree que está mal, que con su verbo de jurisconsulto inteligente, comprometido con una causa que no es de ellos, diga lo que piensa.

altO sea, las autoridades universitarias no lo castigan por lo qué dice o cómo lo dice sino que lo diga. O sea, para autoridades como las de la UABC, a priori, la crítica es inexistente. Lo que no quieren es la presencia de un disidente como Solorio; quieren que se vaya de la institución por disentir, por hablar, por reclamar, por defender, por luchar, por ser, por estar.

La mentalidad que soporta el no argumento, la que no ve, la que no oye, en autoridades de este jaez, es propio de personalidades autistas y autoritarias, que a partir de la presunción de un academicismo reaccionario, asumen una actitud de arrogancia que niega por principio la contrastación a sus ideas.

Insisto en que estos ejemplares orwellianos, no son exclusivos de esta universidad fronteriza. Los hay en varias del país y lo son en forma de rectores, de líderes sindicales, morales, de jefes indiscutibles, de epígonos de sus gobernadores, igualmente creyentes de que la universidad es de su propiedad, su feudo que se puede ostentar autónomo o no, dependiendo del estado o el gobernador que se trate.

Hay que reconocer que la que encabeza la solidaridad con el profesor Solorio, sí, en efecto, se trata de una clase universitaria de excepción. Se expresan con tonos y redacción comedida, civilizada, es más, se vale decir una tautología: son estratégicamente inteligentes y respetuosos y abierta siempre la puerta del diálogo con las autoridades.

En el llamamiento del OAU a la solidaridad dice ante el despido:

“El caso de Solorio Ramírez es relevante por sí mismo. El despido de un académico por ejercer la libertad de expresión que le es consustancial, representa el establecimiento de condiciones incompatibles con el trabajo académico que debe darse al seno de las universidades públicas mexicanas”.

Parece inconcebible que a estas alturas haya quien sea despedido de una universidad mexicana por ejercer la libertad de expresión.

Y más adelante, el texto considera que: “Ante esta situación, solicitamos que Solorio Ramírez sea reinstalado en su puesto de trabajo y, en caso de que la administración rectoral lo juzgue conveniente, se ajuste al principio de debido proceso para demostrar que el despido es una medida justa e indispensable”.

Claro que esto último, automáticamente, hace recordar las críticas de ultras de los setentas y ochentas a quienes sostenían estas posturas, a los que acusaban de “blandengues” y hasta de “demócratas” (sic) por el uso de este lenguaje que sugiere respeto a la ley y cierta cordialidad política. A los ultras no les convencía aquello de que “lo Cortés no quita lo Cuauhtémoc”, pero se debe suponer que una de las particularidades de la estrategia de los profesores y alumnos de varias universidades, entre ellas la de la UABC hoy, es precisamente evitar que por una nimiedad como el exceso en el lenguaje o en la actitud, por legal o natural que deba ser en una universidad, se tome como excusa para otras expulsiones.

Así están las cosas.

Pero lo cierto es que el profesor Solorio ha recibido una amplia y creciente solidaridad, y si no encuentra respuesta, no habrá forma de evitar que las acciones y el lenguaje de la solidaridad se radicalicen. Vamos a ver que tanto es la hibrys de Mungaray y sus secuaces.

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Opinión