Es temprano para hacer juicios sobre el proceso electoral. Escribo esto en las primeras horas del lunes 2, cuando el PREP del IFE muestra ya una tendencia estable e irreversible, misma que confirma el Conteo Rápido del IFE y las varias encuestas de salida que se dieron a conocer a partir de las 20 horas del domingo.
El, hasta ahora, buen resultado del proceso estuvo precedido por varios acontecimientos que lo favorecieron, de los cuales destaco tres: la declaración del rector de la UNAM sobre la consistencia de los trabajos del IFE, la afirmación de algunas figuras públicas en ese mismo sentido y el Pacto de Civilidad signado por los candidatos. La primera aconteció el pasado 27 en un acto donde se dio a conocer lo que constituía el blindaje electoral del Instituto, mismo que incluía los sistemas de cómputo utilizados para el recuento y escrutinio electorales. Al respecto, y de manera específica relacionado con el PREP, el rector afirmaba contundentemente: “el programa es absolutamente confiable. . . en esta auditoría no se detectó absolutamente ningún algoritmo, ninguna posibilidad de un mecanismo informático, cibernético o electrónico que modificara la voluntad expresada en las urnas. . .”
Dicha declaración fue trascendental. Se dio en los días en que se especulaba sobre “el fraude que viene”, a la antigüita y el cibernético. Sobre este último, la declaración fue muy oportuna. En las dos semanas anteriores varios connotados investigadores de la UNAM habían hecho declaraciones, asegurando y advirtiendo tal riesgo. Las palabras del Jefe Nato de la Universidad Nacional, avalando los trabajos realizados por investigadores del IPN y de la UNAM, y auditados por esta última, acallaron de golpe ese tipo de especulaciones.
Casi simultáneamente, figuras como José Woldenberg y Cuahutémoc Cárdenas, reiteraron que el fraude (en su connotación específica) era imposible. El proceso podría tener irregularidades, pero éstas “pueden y deben ser subsanadas por los organismos electorales”, como afirmara el primero de ellos.
El tercer acontecimiento fue el pacto de civilidad. Insólitamente, para lo que habían sido las campañas, ese jueves 28, en los espacios del IFE, candidatos y dirigentes partidarios dieron una muestra de madurez y compromiso que introdujo una buena dosis de aire fresco al ambiente electoral. La fórmula ahí utilizada fue simple pero absolutamente elocuente: “respetar, sea cual fuere, el resultado de la elección”.
Como se reconoce unánimemente. Los comicios de este 2012 han sido “los más vigilados y fiscalizados de la historia electoral del país”. Casi dos millones de ciudadanos, en calidad de funcionarios electorales y observadores, llevaron a cabo la principal tarea de ese proceso: recoger el voto, vigilar su emisión y generar los primeros cómputos. La participación del 62 por ciento del electorado supera, en cuatro puntos, la correspondiente a 2006.
A partir de la desconfianza y baja credibilidad históricas en los procesos electorales, México tuvo que crear un sistema sui géneris en los últimos 20 años. Muy caro o dispendioso, comparado con cualquier sistema del mundo, pero que presupone la intervención directa de la ciudadanía como garantía de neutralidad. Tal sistema resulta difícil de explicar a un extranjero y aun entre nosotros. No obstante sus innegables avances y refinamientos, sigue generando desconfianza. Ahí están los datos de Latinbarómetro (mencionados por la consejera electoral María Marván el pasado jueves) según los cuales el 71 por ciento (de los mexicanos) considera posible el fraude electoral.
Lo anterior muestra que percepción y realidad no suelen andar de la mano. . . por lo menos en nuestro país. Son muchas las querellas históricas en ese terreno. Para millones de mexicanos los comicios del 1988 y 2006 son aún sinónimos de una voluntad popular quebrantada. La elección de este 2012 deja ya, inevitablemente, muchas experiencias. Saber identificarlas, tanto por la oposición como por quien haga gobierno, deberá ser el punto de arranque para las reformas que necesariamente tendrán que realizarse en el terreno electoral. Ese “México para todos”, mencionado por el candidato triunfante la noche del domingo, requiere perfeccionar sus mecanismos electorales pero, sobre todo, tener una cultura democrática sin la cual, como tantas veces se mostró en el pasado, las primeras son sólo un adorno.
Miembro de la Junta Directiva de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Campañas Políticas: Cárdenas (primera parte)
Campañas políticas / 2: Peña Nieto y Los Foros (primera parte)
Campañas políticas / 3: Peña y los foros (segunda y última parte)
Campañas políticas/4: Nuestra oportunidad…, el libro de JVM
Campañas políticas/5: AMLO y la plataforma electoral (primera parte)
Campañas políticas/6: AMLO y la plataforma electoral (segunda y última parte)
Campañas políticas/7: Peña Nieto y la plataforma electoral
Campañas políticas/8: Peña Nieto y la plataforma electoral (segunda y última parte)
Campañas políticas /9: La plataforma electoral del PAN (primera parte)
Campañas políticas/10: la plataforma electoral del PAN (segunda y última parte)
Campañas políticas/10: la plataforma electoral del PAN (segunda y última parte)
Campañas políticas/11: La plataforma electoral de Nueva Alianza
Campañas políticas/12: en vísperas...
Opinión
