1994 no fue un año convencional. Desde el primer día estuvo marcado por un ambiente de turbulencia y contrastes: al tiempo que comenzaba la vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, aparecía el grupo insurgente zapatista en Chiapas. Pocos meses después ocurría el asesinato del candidato a la presidencia Luis Donaldo Colosio, se celebraban las primeras elecciones multirraciales en Sudáfrica y moría Richard Nixon, responsable de la vorágine del Watergate. El 28 de abril de ese año se protocolizaba ante notario público la asociación civil denominada Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, con lo que se atendía el mandato de la XX Asamblea de la ANUIES que tuvo lugar en Mérida, Yucatán en 1993.
Unos meses antes, justo en enero, la Secretaría General de la ANUIES había dado albergue a un puñado de colaboradores de Antonio Gago, extitular de la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP, en la parte superior de una casa (ahora desaparecida) ubicada en Barranca del Muerto 140 en la Ciudad de México. Dos habitaciones se convirtieron en el cuartel general para emprender, casi de la nada, salvo los documentos discutidos y aprobados en los meses precedentes y el mejor ánimo y experiencia de los participantes, una tarea que se antojaba pertinente y urgente, pero complicada y no con el mejor de los augurios.
Leer más...Opinión
